“No tenemos medicinas ni en los hospitales del interior del país para atender a las víctimas.” La frase del doctor Benjamín Valdez, quien era ministro de Salud Pública en 1986, dimensionaba las crisis para el sector de salud pública nueve días después del terremoto del 10 de octubre.
En los cálculos que originaron su frase, el funcionario no había incluido que el 90% de la infraestructura hospitalaria de la capital había sido dañada. En dinero, eso se traducía en ¢445 millones, equivalentes a 89 millones de dólares.
Una de las pérdidas de infraestructura más sensibles fue el edificio del Hospital de Niños Benjamín Bloom. La torre del hospital se desplomó después de que se logró evacuar a 400 niños de su interior. El doctor Luis Antonio Villatoro, quien hace 20 años dirigía ese centro infantil de salud, aseguró que solamente uno de los pacientes murió por la paralización de los aparatos que lo mantenían con vida al momento del terremoto. En total, seis hospitales públicos y cuatro privados tuvieron que ser evacuados.
Cifras
El reporte económico de los daños recopilados por el Ministerio de Planificación y Coordinación del Desarrollo Económico y Social (MIPLAN) proyectó, seis semanas después de la tragedia, que el dinero que debía invertirse en reconstrucción y rehabilitación representaba el 10% del total de la destrucción y daños globales causados por el terremoto. A su vez, estos gastos equiparaban al 2.2% del producto interno bruto proyectado para ese año. La situación, tanto económica como humana, fue grave para la época.
Análisis realizados por la UCA señalaban que antes del terremoto ya había signos alarmantes para este sector, como por ejemplo 1.2 camas por cada mil habitantes, 3.4 médicos por cada 10 mil habitantes y el 75% de los menores de cinco años sufría algún grado de desnutrición.
En los planes de reconstrucción y rehabilitación de servicios públicos incluía un subprograma especial de salud. En este se planteó la construcción de cuatro unidades hospitalarias y la edificación de una unidad de salud ambulatoria y rehabilitación del Bloom, incluyendo la construcción de un pabellón temporal para 100 camas. El costo total de este subprograma se estimó en $19 millones.