Para el padre Francisco Morán, la Iglesia tuvo una labor importante durante la catástrofe. Asegura que muchos de los afectados han tenido más compromiso y reconciliación con Dios. Según él, las heridas del pasado han sanado.
¿Cómo vivió el terremoto de 1986?
Justo estábamos en el seminario de San José de la Montaña, en el último piso, cuando fue ese terremoto tremendo. No podíamos ni caminar, el edificio se movía tremendamente. Con un sacerdote subimos a la terraza, aún en medio de todo eso, y vimos la polvareda del centro, donde el Rubén Darío se había hundido.
¿Cree que el acompañamiento espiritual ayudó?
Definitivamente. Recordando palabras del gran Papa, Pablo VI, él en Colombia dijo una frase que se ha consagrado, que dice: “La Iglesia es experta en humanidad”. Entonces, la Iglesia, como experta en humanidad, atiende donde hay un hombre que sufre sin importar su condición social, credo religioso o político. La Iglesia siempre ha socorrido y lo hizo en el terremoto de 1986.
¿Usted cree que este tipo de desgracias naturales alejan a la gente de la Iglesia?
Yo diría que es lo contrario. Tengo la imagen fresca; fue cuando las iglesias más se llenaron, la gente buscó a Dios y lastimosamente, sin señalar ni nada, hubo sectores religiosos y sociales que quisieron ver en esa situación un castigo de Dios, como una reprensión.
¿Alguna gente que perdió a su familia probablemente se alejó de Dios, pero luego volvió?
Hubo una labor posterior muy grande, sobre todo de reconciliación; a través de jornadas penitenciales la gente buscó la reconciliación, siguió un proceso, un acompañamiento espiritual. En los momentos dolorosos la gente busca una respuesta.