Empezar desde abajo parece lógico. Las claves de la construcción antisísmica incluyen un exhaustivo estudio del suelo sobre el cual se va a edificar. Las normas de construcción salvadoreñas, sin embargo, abordan poco y de forma general este aspecto.
“Construimos sobre suelos enfermos y débiles. Y por eso las edificaciones son más susceptibles al ataque de lluvias y temblores”, apunta Enrique Melara, ingeniero geotécnico especialista en suelos y miembro de ASIA.
La recomendación, aunque lógica, no logra colocar pies en tierra cuando de edificación se habla. Las normas técnicas de construcción se limitan a señalar la prueba de penetración estándar como estudio de suelo. Este ejercicio apenas apunta ciertas características como dureza y saturación, según especialistas. Reforzar con otros análisis estos resultados depende solo del profesional a cargo de la obra. El panorama ha cambiado poco desde 1986, cuando el suelo no era considerado en el diseño estructural.
De la naturaleza del suelo depende su capacidad de amplificar la onda sísmica o de que, por ejemplo, se comporte como líquido en caso de terremoto. De acuerdo con el sismólogo Douglas Hernández, del SNET, la tierra blanca joven, presente en diferentes medidas en varios puntos del área metropolitana de San Salvador, es uno de los estratos que más intensifica la vibración. Quiere decir que en caso de sismos es el que más riesgo ofrece.
Nelson Cedillos, de la facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de El Salvador, apunta: “Cuando se tiene un suelo blando, se tiene que dar más rigidez al lugar en donde se construye. Esto se incluye en el diseño, pero no se sabe si no se estudia el suelo”. Y, en efecto, no se sabe sobre qué está fundada la capital.
En materia de suelos, el país está dividido oficialmente en tres franjas. La separación, aunque es un avance, no deja de ser general, según Carlos Pullinger, de geología del SNET. Indica que un aporte financiero internacional permitió iniciar un estudio de microzonificación en el AMSS. Ese estudio permitirá saber las características del suelo para, entre otras medidas, definir reglas más o menos estrictas de construcción según cada zona.