La fecha dio nombre a siete comunidades

Jéssica Ávalos
nacion@laprensa.com.sv

Siete asentamientos de seis ciudades del Gran San Salvador se llaman 10 de Octubre por estar su nacimiento relacionado directamente con el terremoto de 1986. Ni las dos décadas transcurridas han hecho mejorar las duras condiciones de vida en la mayoría de ellos.




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Soyapango
Un buen ejemplo de abandono institucional

La comunidad 10 de Octubre soyapaneca está ubicada entre el bulevar del Ejército y la línea férrea, junto a la también comunidad 22 de Abril. Subdividida en tres zonas (A, B y C), la componen unas 160 viviendas que cuentan con el servicio de energía eléctrica y con seis cantareras que abastecen a toda la comunidad. El agua llega tres veces por semana, por lo que hay residentes que optan por obtener el líquido para sus quehaceres de una quebrada por la que bajan las aguas servidas de otras colonias. Pese a los 20 años transcurridos, los residentes no poseen escrituras, y uno de los pocos apoyos que reportan es el de FUNDASAL, que les dio créditos para comprar materiales de construcción. Muchas casas, sin embargo, son de lámina y madera. La junta directiva dice desconocer a quién pertenece el terreno usurpado.

San Marcos
La única que ha adquirido el estatus de colonia

El panorama de la 10 de Octubre de San Marcos es -si se compara con las otras comunidades- un poco más alentador. De hecho, es la única que dejó de ser comunidad para convertirse en una colonia dividida en tres etapas. Las casas cuentan con todos los servicios básicos, y no están en zonas tan vulnerables como las demás. Hay un aproximado de 925 viviendas. La mayoría de los inmuebles son de cemento, aunque todavía se observan algunas de lámina. Después del terremoto, el presidente Napoleón Duarte compró el terreno para donar las viviendas a las familias afectadas. Duarte falleció y las familias tuvieron que adquirir los terrenos mediante un crédito con el FSV. Ahora la mayoría posee su escritura y algunos hasta optaron por venderla. Esta 10 de Octubre ya no alberga solo a ex damnificados.

Otras cuatro en el listado
Aparte de las de Ilopango, Soyapango y San Marcos, hay otras tres comunidades homónimas en el Gran San Salvador.

SAN SALVADOR. Hay una comunidad 10 de Octubre en el distrito IV, cerca del Estado Mayor. Datos de la alcaldía señalan que la componen 170 casas en las que vive un aproximado de 850 personas.

SAN SALVADOR. El mismo nombre recibe otra comunidad capitalina que está ubicada en el distrito V; en concreto, al lado oriental del puente ferroviario que cruza el río Acelhuate. Setenta viviendas en las que habitan 350 personas.

MEJICANOS. En el sector de la colonia Zacamil, no muy lejos del hospital público, hay otra comunidad 10 de Octubre. La alcaldía desconoce cuántos la integran.

CIUDAD DELGADO. La municipalidad tampoco conoce cuántas casas componen la 10 de Octubre de esta ciudad, el séptimo de los siete asentamientos que nacieron como consecuencia del terremoto.

Son siete comunidades y están esparcidas en seis municipios del Área Metropolitana de San Salvador. Entre ellas no hay ningún tipo de relación a pesar de que comparten nombre y también el fenómeno natural que dio origen a su creación: el terremoto que hace 20 años sacudió con especial virulencia la capital. Esas siete comunidades llevan por nombre 10 de Octubre.

No todas han corrido igual suerte (ver recuadros), pero la mayoría sigue marcada aún hoy, dos décadas después, por la falta de servicios básicos, por la inseguridad jurídica e incluso por estar en zonas de riesgo, que las exponen a que sus residentes vuelvan a ser víctimas de un nuevo desastre natural.

Las cifras que arrojó una encuesta realizada por el Gobierno días después del sismo cifraron en 22 mil 800 —entre 190 mil censadas en el área metropolitana— las casas que resultaron totalmente destruidas.

Los 5.4 grados Richter se tradujeron para miles de salvadoreños en una necesidad de buscar un asentamiento para poder vivir. Y así surgieron los siete asentamientos 10 de Octubre, entre otros muchos que se crearon en esas semanas, pero que optaron por otros nombres.

“Todavía me tiemblan las piernas cuando recuerdo cómo mi casita de bahareque se partió en dos”, dice Eulalio Avendaño, quien perdió su casa con el terremoto, reside desde entonces en la 10 de Octubre de Ilopango.

Además de esta, el Centro Nacional de Registros (CNR) y las alcaldías tienen localizadas comunidades homónimas en Soyapango, Ciudad Delgado, San Marcos, Mejicanos y San Salvador. Solo en esta última ciudad hay dos con ese mismo nombre.

La 10 de Octubre de San Marcos es la única que dejó de ser comunidad. El crecimiento urbano y una mejoría en la calidad de los servicios básicos hizo que se le otorgara el estatus de colonia.

Las otras seis son aún comunidades, palabra estigmatizada que se asocia con precarias condiciones de vida.

“Cuando nosotros vinimos aquí, esto era un potrero. Yo salía a la barranca de abajo a buscar bambú para armar con plástico la champita de mis hijos”, relata Sonia Ortiz, de 49 años, una de las fundadoras del asentamiento que se formó en Ilopango.

Ortiz ya no tiene que buscar palos para una champa. Su preocupación hoy es otra. La barranca que un día le dio insumos para armar su casa se ha convertido en su peor enemigo.

Su vivienda y buena parte de las otras 250 familias más que componen esta 10 de Octubre están a punto de caer sobre la quebrada La Pedrera Antigua, con la que colindan.

“Estas casitas representan lágrimas, sudor y sangre, porque las fuimos armando poco a poco. Hoy nos duele ver cómo todo se puede ir abajo”, lamenta Ortiz.

La aparente calma que se observa en la parte frontal de las casas de Ilopango se contrasta con el abismo que amenaza la parte trasera.

“Ya nos acostumbramos a vivir así. Sabemos que es un riesgo, pero preferimos correrlo a tener que comenzar otra vez de cero”, comenta otra de las habitantes de la 10 de Octubre de Ilopango, Blanca Ávalos.

La vulnerabilidad de las viviendas de los ex damnificados de Ilopango es más que evidente. Solo basta asomarse por el patio de las casas para descubrir la amenaza que supone el barranco.

Hay otras amenazas que no son tan latentes, pero que son parte del día a día de las otras cinco comunidades.

Servicios básicos

La escasez de agua potable, la falta de calles de acceso, la ausencia de centros de salud, entre otras cosas, son parte de la rutina en las condiciones de vida de los damnificados del terremoto de 1986.

“A nosotros nos toca ir a lavar los trastes a una poza que está como a un kilómetro de aquí, pero no nos queda de otra”, cuenta Salvador Hernández, un habitante de la 10 de Octubre situada en Soyapango.

En Soyapango, el escenario es distinto al de Ilopango. No hay una barranca que indique peligro, pero la falta de escrituras que demuestren propiedad hace que sus pobladores duerman con el miedo de ser desalojados en cualquier momento.

Las 161 familias que conviven en el ex predio baldío no cuentan con ningún documento que los acredite como dueños de los terrenos que ocupan. La única defensa que tienen es el sudor invertido en la edificación de sus humildes casas.

“Es que cuando fue el terremoto nos dijeron que este terreno estaba solo, pero no hemos podido comprárselo al dueño”, explica Hernández, quien es tesorero de la directiva de la comunidad.

El miedo a ser desalojados no es exclusivo de la 10 de Octubre de Soyapango. Hay otras 10 de Octubre que también viven bajo la ilegalidad. Veinte años han pasado y la palabra “seguro” todavía no cabe dentro de la situación de los damnificados.

Pero esta inestabilidad no es motivo de desesperanza. La confianza en un futuro mejor Sonia Ortiz la resume así: “Los 10 de Octubre siempre damos gracias a la Virgen porque, sea como sea, nos ha regalado una segunda vida, y sabemos que algún día nuestro destino cambiará”.

 
 
Contenido: Óscar Luna | Diseño: Andy Rodríguez | Edición: Margarita Funes
 
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