Primero el rumor era que llegaban a la 1:00 de la madrugada de ayer. Después, que a las 3:00 de la tarde. Pero, finalmente, desde las 4:33 de la tarde del lunes, Iron Maiden está en Costa Rica para brindar su concierto.
Por eso, la noticia causó el revuelo de camisetas negras de los centroamericanos que se agolparon en el aeropuerto Juan Santamaría para esperar a los ídolos ingleses. Pero Iron Maiden solo se mira, no se toca. Ni siquiera los medios locales tuvieron acceso al lugar de aterrizaje, la misma suerte que corrió Fama hasta que dio la vuelta al aeropuerto para tomar mejor posición frente a la pista.
La información era que cuando el Ed Force One, al mando del vocalista de la doncella, Bruce Dickinson, tocara tierra, inmediatamente serían llevados por la salida privada que utilizan los funcionarios importantes.
Del otro lado de la pista, en la sala de espera, el alboroto hasta hizo que las puertas de vidrio casi cayeran a golpes y gritos de quienes reclamaban hablar con los músicos. Pero ninguno tuvo éxito. Al final, solo se alcanzó a ver cómo Janick, Harris y compañía bajaban la escalera de abordaje y salían del otro lado del aeropuerto. La única parada segura era el hotel que los esperaba en la capital. Algunos trataron de seguirlos, pero tampoco hubo suerte.
Guanacos en aeropuerto
Algún salvadoreño tenía que merodear por ahí. Fueron 10 los que se posicionaron dentro de un restaurante ubicado a un costado de la pista de aterrizaje.
Todos —o casi todos— ya pasan de los 30 y viajaron por su cuenta desde las 3:00 de la mañana del domingo. Un microbús era su transporte y los hermanos Saenz los pilotos. El menor, abogado de profesión, acompañó a su hermano y al gran amigo de este, Roberto Castañeda, un publicista que roza los 40 y que convenció a su esposa de hacer el viaje.
“Es que Maiden es el grupo de nuestra juventud. No podíamos dejar pasar la oportunidad”, dijo Castañeda. |