Ayer a las 9 de la mañana, en las afueras del estadio Ricardo Saprisa, se respiraba resaca en el campamento que han montado las hordas de fanáticos de Iron Maiden, que esperan desde el viernes pasado en fila para conseguir el mejor puesto en el campo.
Envases de gaseosas, botellas de licor, latas de cervezas, colillas de cigarros y una larga fila de seguidores ocultos bajo bolsas a modo de tiendas de campaña y acostados sobre cartones, colchonetas o el frío y áspero cemento de la acera mostraban las señales del desvelo y tres días sin tregua de juerga y convivio con heavy metal como único y exclusivo fondo musical.
“Hey, pero no pongan solo Maiden porque nos vamos a hostigar”, dice Oliver, un diseñador gráfico salvadoreño que está en fila desde el viernes pasado. “El primer salvadoreño en llegar”, se jacta y apunta con orgullo que es el cuarto en la cola, “así que venite, papá, y de aquí una sola guinda hasta la valla para estar enfrente”.
A medida que avanza el día, la fila aumenta su tamaño, los ánimos suben y los fans más golpeados por la noche van saliendo de su letargo y se ocupan de jugar naipes, tocar guitarra, jugar fútbol y, claro, repasar los discos de los británicos. “Aquí nadie se conoce, loco, pero todos como que somos hermanos, todos me han ofrecido la casa por si quiero ir al baño a dormir un rato o a bañarme y me dicen que me cuidan el puesto, que solo deje la bandera. Así que ya tengo dónde quedarme para la próxima vez que venga, ni voy a hallar dónde, jajajaja”, añade con gesto optimista y se ajusta su gorra de la banda brasileña Sepultura.
En las paredes se pueden ver banderas de Costa Rica, El Salvador, Panamá, Guatemala y pancartas con las portadas de todos los álbumes de la banda, desde el primero, homónimo, de 1980, hasta el más reciente, “A Matter of Life and Death”, pasando por todos los clásicos donde su versátil y cadavérica mascota Eddie es el protagonista, ya sea de militar, cyborg, momia egipcia o en cualquiera de las formas que el dibujante Derek Riggs ha creado durante 30 años.
Las camisetas también están a la orden del día con un Eddie egipcio al frente y la leyenda World Tour Costa Rica 2008, “a 5,000 colones ($10), mae, baratas y son oficiales”, promete uno de los vendedores apostados en la calle.
Sin embargo, los vecinos de las casas aledañas al estadio no están tan contentos con el campamento metalero y se quejan de la basura, el ruido, el consumo de alcohol, la aglomeración de gente y la falta de asistencia policial.
“Todo esto es una falta de planificación, no ha venido un solo policía a poner orden”, se queja un habitante de la zona. Pero uno de los jóvenes en la cola lo ha desmentido antes: “Sí vinieron, pero les empezaron a gritar cosas y mejor se fueron, creo que les dio miedo porque solo eran como cinco”.
Incluso, una escuela cercana al recinto decidió aplazar las clases hasta el miércoles mientras pasa el alboroto.
“Es una imagen negativa la que se está transmitiendo, hay jóvenes bebiendo, vomitando, la escuela ha suspendido clases”, reclama un vecino que prefiere el anonimato mientras al fondo se escucha a los fanáticos aplaudir y lanzar piropos a una reportera de televisión que no se muestra muy convencida de acercarse hasta la fila.
A medida que se acerca la hora cero, la expectativa crece, en los medios televisivos y periódicos las notas sobre el concierto, la llegada de la banda este lunes a las 4 de la tarde y la larga fila de fanáticos ocupan grandes espacios.
En las imágenes se vio la llegada del avión de la banda, llamado Ed Force One, un Boeing piloteado por el mismo vocalista de Iron Maiden, Bruce Dickinson, procedentes de México, donde el domingo ofrecieron el primer concierto de la fase latinoamericana de esta gira mundial que conmemora la salida de su álbum doble en concierto de 1985, “Live After Death”, el álbum más importante de su carrera y que marcó un hito en la historia de este género musical.
La estética de su escenografía para la actual gira, que es la más grande que se ha montado en Costa Rica para un concierto y en la que se ha trabajado desde el sábado pasado, está basada en el legendario World Slavery Tour de aquella época, aunque combina también el posterior “Somewhere In Time” de 1986 y “Seventh Son of the Seventh Son”, igual que el repertorio, aunque no faltarán las clásicas como “The Number of the Beast”. De ahí el nombre de “Somewhere Back in Time”, el tour que ahora los trae por primera vez a Centroamérica y en el que aparece como telonera la banda de la hija del bajista Steve Harris, Lauren.
“Vamos con un gran entusiasmo para Costa Rica”, dijo Dickinson el sábado en México, según apuntó el periódico local La Nación.
Y ese entusiasmo se multiplica entre los fans que esperan ansiosos a que den las 4 de la tarde de este martes 26 de febrero para correr a toda velocidad sobre las tablas que desde el sábado cubren la gramilla del estadio y estar frente a sus ídolos.
“Es como un sueño cumplido”, dice un seguidor tico, “el miércoles ya me puedo morir tranquilo”.
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