Las Comunidades Eclesiales de Base, que nacieron en 1968 del documento de Medellín y buscaban convertir a la Iglesia católica en un ente más social y móvil, fueron parte importante de la vida pastoral de Monseñor Romero. La última plática que con respecto a este colectivo tuvo con el sacerdote belga Pedro Decler, en Panamá, le dejó claro que quería convertir a las comunidades en parte de una organización mayor.

Texto: Glenda Girón, Mario Enrique Paz
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El primer acercamiento que Monseñor Óscar Arnulfo Romero tuvo con la comunidad eclesial de base de la colonia Zacamil fue, por decir lo menos, atropellado; agresivo incluso.
Pedro Decler, sacerdote belga que llegó al país en 1968, recuerda que las Comunidades Eclesiales de Base nacieron en Brasil a principios de los sesenta, pero se consolidaron gracias a las conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín, Colombia, en 1968.
En este documento se trasladaban los conceptos del Concilio Vaticano II (1965) al contexto del continente y se organizó con respecto al método de “Ver, reflexionar y actuar”, implementado en y desde los propios vecinos de las comunidades.

El Romero que describe Decler llegó a la colonia Zacamil, en Mejicanos, San Salvador, con conceptos antiguos, y confrontativos. “Le teníamos temor, porque era muy conservador. En la parroquia hubo un conflicto porque en el año 1972 escribió y publicó en los medios una carta cuando la Guardia Nacional había ocupado la Universidad de El Salvador y en ese escrito, en nombre de la conferencia episcopal, decía que esa acción estaba bien hecha porque la universidad era un nido de comunismo”.

Decler señala que como Comunidades Eclesiales de Base conocían ya mejor a monseñor Arturo Rivera y Damas y a monseñor Luis Chávez y González, ante quienes se avocaron con sus quejas por la actitud tomada por monseñor Romero con respecto a la Universidad Nacional.

Decidieron, un tiempo después, invitarlo a que visitara la comunidad para celebrar una misa. Misa que no se efectuó porque el asunto terminó con un enfrentamiento verbal fuerte entre Romero, que sostenía un documento de un obispo chileno, y la comunidad que abatía los documentos de Medellín. “Hubo un debate tremendo, esto no es eucaristía, dijimos, es un conflicto. El día siguiente fuimos a contar a los monseñores Chávez y a Rivera la mala impresión que había causado en la parroquia Monseñor Romero”.

El arzobispo
Juan Gavidia, un parroquiano que desde hace décadas pertenece a la comunidad eclesial de base de San Antonio Abad, en donde fueron asesinados un sacerdote y cuatro jóvenes durante un retiro espiritual en 1979, coincide en que para las Comunidades Eclesiales de Base, el mejor candidato para ocupar el cargo de arzobispo de San Salvador, de acuerdo a la forma en la que venía trabajando con las comunidades, era monseñor Arturo Rivera y Damas. “Nosotros queríamos que él quedara en el cargo, porque ya conocía nuestro trabajo”, recuerda.

Pero en 1977, quien asumió fue Óscar Arnulfo Romero. Cuando lo nombraron arzobispo de San Salvador, una de las primeras cosas que Monseñor Romero hizo fue volver a la comunidad eclesial de base en la Zacamil, y, esta vez, fue a pedir perdón.

“Nosotros nos sentimos aliviados y regocijados de ver que era alguien con quien se podía trabajar, porque ese gesto no lo iba a hacer cualquiera», recuerda Nohemí Ortiz, otra de las integrantes de esta comunidad.
Pedro Decler estaba expulsado del país cuando nombraron arzobispo a Romero. Pero desde el exilio leyó los acontecimientos que la muerte del padre Rutilio Grande desencadenó. “Ahí Monseñor Romero comenzó a hacer cosas más grandes, como la misa única o cerrar los colegios católicos. Con eso, la Iglesia se declaró pobre. El Estado, que cada año dio una suma fuerte a la Iglesia, ya no ayudó”, resume.

Monseñor Jesús Delgado, sin embargo, lleva el papel de las comunidades por otro rumbo en la vida de monseñor Romero: “Los revolucionarios le decían a la gente de las Comunidades Eclesiales de Base ‘vénganse con nosotros, nosotros los vamos a proteger, ya tenemos nuestras áreas establecidas, vénganse con nosotros a la montaña’. Y Muchos católicos organizados en las comunidades, que eran fuertes en ese momento, pero meramente pastorales, dada la persecución fueron convencidos y se los llevaron a la montaña, sin decirles que tenían que tomar armas”.

Botiquines en las iglesias

Decler y Nohemí Ortiz se complementan al contar la historia de cómo en una de las reuniones con Romero realizadas ya por 1979, alguien propuso la necesidad de que en las parroquias existieran botiquines de primeros auxilios. “Monseñor nos miró de una manera severa y en un tono bastante fuerte nos dijo que por qué se proponía eso hasta ese momento, que debió hacerse mucho antes”, acota Decler.

Acerca de si convertir las parroquias en una especie de hospitales de clandestinos para los heridos que no se podían acercar a un hospital oficial era o no un acto político, Nohemí, quien por años trabajó con él en el Arzobispado, destaca que para el Monseñor Romero que ella concibe era más un acto humano: “Cómo se iba a dejar a alguien sufrir en la calle, si estaba lesionado, las iglesias no podían cerrar las puertas ante el sufrimiento de la gente, fuera de donde fuera, ese era el pensamiento”.

Las Comunidades Eclesiales de Base no tienen hoy por hoy un espacio asignado como tal en el templete en el que se realizará el acto de beatificación de Monseñor. Cada quien hará su peregrinación desde donde le toque y pueda. Y Pedro Decler aprovecha el caso para recordar la última plática que mantuvo con él.

Fue en Panamá, cuando en febrero de 1980, Monseñor Romero regresaba de Bélgica de recibir un doctorado Honoris Causa otorgado por la universidad de Lovaina. “Yo pensé que ese reconocimiento lo iba a salvar, lo iba a blindar. En esa ocasión, yo lo recogí en el aeropuerto y hablamos largo y tendido sobre el trabajo que se podía hacer con las Comunidades Eclesiales de Base», Decler señala que Monseñor Romero, para ese momento, tenía planes más estructurados para este colectivo. Pero la muerte, en marzo, los dejó tan solo en eso, planes.

© 2015 Beatificación de Monseñor Romero.